Uno de los problemas comunes que se observa en las familias de hoy, son padres que admiten tener dificultad para poner límites a sus hijos. Y es que la mayoría de padres de esta generación no se identifican con una educación basada en el autoritarismo, sin embargo, la mayoría, por miedo a no ser aquellos padres, terminan cayendo en el otro extremo: la “permisividad”. Pero qué pasa,  al ver que este estilo de disciplina no funciona, empiezan a ser autoritarios; luego surge la culpa y vuelven a ser permisivos, creando gran inestabilidad en los niños, quienes terminan haciendo lo que creen más conveniente.

Ser padres permisivos significa educar a los hijos con ausencia de límites, lo que implica falta de respeto a nosotros mismos, libertad sin orden, darles opciones ilimitadas y por lo tanto enseñarles que todo lo que ellos quieren es absolutamente válido, aún cuando esto signifique perjudicar a los demás.

Por otro lado, ser padres autoritarios significa tener un control excesivo sobre nuestros hijos, ausencia de libertad para que tomen decisiones y falta de respeto hacia ellos, en pocas palabras  “ahora haces esto porque yo mando.”

Llegar a un punto medio donde se puedan establecer límites con amabilidad, es educar con dignidad y respeto, buscando la cooperación de nuestros hijos y desarrollando en ellos valiosas habilidades de vida sin llegar a excesos ni decisiones extremistas.

 ¿Cómo lo hacemos?

Ten presente que, si bien el autoritarismo aplasta, la permisividad y sobreprotección ahogan. Los hijos necesitan percibir que estamos a la cabeza de sus vidas como líderes capaces de sujetarlos cuando no se puedan contener y de guiarlos mientras no saben para dónde ir. Sólo una actitud firme, consistente  respetuosa les permitirá confiar en nuestra capacidad y en su propia capacidad.  Aquí  algunas sugerencias a partir de la disciplina positiva que nos podrían ayudar a ser firmes y amables al mismo tiempo:

  • En vez de dar órdenes, haz preguntas que inviten a la reflexión, Jane Nelsen llama a esto “preguntas curiosas”  (¿qué piensas respecto a…,? ¿qué sientes…?, ¿qué has decidido…?).
  • Habla menos y actúa más. Acércate a tu hijo y muéstrale lo que tiene que hacer, en vez de decir “1000 veces los mismo” desde lejos, esperando que “obedezca” rápidamente.
  • Practica la escucha activa. Deja de hablar un momento y trata de escuchar las palabras y el mensaje detrás de las palabras.
  • Crea rutinas y luego recuérdale qué es lo que habían acordado. Ej. Tu hijo se levanta de la mesa al terminar de comer y va directo a jugar, entonces le puedes recordar “¿qué es lo que tenemos que hacer después de cenar?”
  • Dale opciones limitadas, esto les dará la sensación de que no tienen que obedecer todo a rajatabla y que tienen la opción de elegir.
  • Decide lo que harás y se consecuente.  Jugaré contigo, apenas termines de hacer las tareas.
  • Practica el autocontrol. Cuando entramos en la lucha de poder queremos CONTROLAR todo, pero cuanto más controladores queremos ser, más DESCONTROLADOS nos volvemos. A la primera persona que tenemos que controlar es a nosotros mismos.
  • Ponerse de acuerdo. Ambos padres tienen que manejar el mismo estilo de crianza para no crear confusión en los hijos que inviten a buscar “al más bueno” .
  • Involucra a tus hijos en la solución de problemas. Esto hace que los chicos desarrollen el  sentido de pertenencia, estén motivados a asumir sus responsabilidades y estén menos propensos a desobedecer.
 Ps. Gina Graham – Certified Positive Discipline Parenting & Classroom, Educator.

 “Nunca he visto a un niño con aires de poder sin un adulto con aires de poder cerca de él”

Jane Nelsen

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Fuente: Artículo escrito para la Revista Mamagazine, edición Diciembre. Ps. Gina Graham – Certified Positive Discipline Parenting & Classroom, Educator.

Qué madre o padre no ha pasado por aquellos momentos donde los  hijos se quejan de todo, se enojan, no quieren jugar con nadie o se desconcentran fácilmente a la hora de estudiar. Los notamos un poco “tristes” pero al día siguiente o al cabo de unos días, esa tristeza desaparece.

Y es que, es casi seguro que muchos niños alguna vez en su vida han han tenido un episodio de tristeza, sin embargo, cuando esa conducta o estado anímico persiste por varias semanas, aunado a otros síntomas como disminución de la vitalidad, alteraciones en el sueño y la alimentación, podemos estar frente a un trastorno: la depresión infantil.

Hasta hace poco, no se sabía mucho del tema, es más, no se admitía la existencia de la depresión infantil, pero hoy en día se sabe que sí existe y además tiene síntomas comunes a la depresión en los adultos, pero con manifestaciones diferentes que pueden ser observadas a través de la conducta.

Los factores que desencadenan la depresión son complicados y normalmente varían de un niño a otro, siendo algunos de ellos, los factores biológicos y genéticos, los ambientales y los psicológicos; generalmente, el origen de la depresión incluye una combinación de todos estos factores que actúan de manera simultánea.

Según los expertos, la depresión es causada por un desequilibrio en determinados neurotrasmisores del cerebro (por una reducción en los niveles de serotonina, norepinefrina y dopamina). Sin embargo, es posible que este desequilibrio sea motivado a la vez por factores ambientales, es decir, determinados acontecimientos en la vida del niño, que sobrepasaron los sus propios recursos de afrontamiento: (Ej. Divorcio de los padres, pérdida de una mascota, fracaso escolar, rechazo de los amigos, muerte de un familiar, una enfermedad, etc.).

Ente algunos de los síntomas observables que pueden alertar a la familia, para intervenir a tiempo, tenemos: la tristeza, irritabilidad, anhedonia (pérdida del placer),sentimiento de culpa, lloran con facilidad, falta del sentido del humor, sentimiento de no ser querido, baja autoestima, asilamiento, cambios en el sueño, pérdida de apetito, hiperactividad, pensamientos suicidas que pueden develarse el frases tales como “estarían estuvieran sin mi” “mejor no hubiera nacido” etc.

Si sospecha que su hijo puede estar presentando alguno o varios de los síntomas mencionados, no ignore los síntomas, por el contrario, dedíquele un tiempo especial, creando un ambiente cercano y de confianza.

Esté atento a los mensajes detrás de la conducta, es decir, si lo escucha decir constantemente “no sirvo para nada”, “soy un tonto” etc,, sea curioso y hágale preguntas sobre sus sentimientos y pensamientos. 

Ayúdelo a disfrutar de las cosas que le brinda la vida; programe salidas, muéstrese de buen humor, etc. Los niños con depresión, tienen una percepción sesgada de la realidad donde todo lo ven de la misma manera, por lo tanto nada les parece divertido.

Frente a la mala conducta sea firme y amable al mismo tiempo. Antes de corregir, conéctese emocionalmente con su hijo, muéstrele abiertamente su cariño con palabras y acciones.

Motívelo sin adularlo. Ayúdelo a fijarse metas realistas y anime constantemente sus pequeños pasos y grandes progresos.

Evite etiquetarlo con mensajes absolutistas como: “eres un malcriado”, “nunca me haces caso, en vez de eso hágale preguntas que inviten a la solución de problemas “Qué” y “Cómo”, “¿Qué podrías hacer para…? ¿Cómo harías…? ¿y qué más?”, converse con él, rebata sus ideas y creencias irracionales.

Y por último, busque ayuda y apoyo profesional de inmediato. Un diagnóstico temprano puede marcar la diferencia en el tratamiento y curso de la enfermedad.

Siempre es bueno recordar la importancia de la familia en la vida del ser humano, mucho más en el caso de los niños y adolescentes, es por ello que debemos PREVENIR. ¿Cómo? Pues desarrollando en nuestros hijos factores protectores que los ayuden a sobrellevar situaciones difíciles en la vida, afrontar problemas y manejar de manera adecuada las frustraciones. Es decir, propiciar un clima de confianza a través de una disciplina positiva que estimule la comunicación, respeto mutuo y amor entre sus miembros.

 “Cuando sientas tristeza o disgusto por algo que ha pasado acuérdate de las cosas buenas y no pierdas nunca la ilusión por ti mismo”

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Fuente: Artículo escrito para Revista Mamagazine para la Edición Diciembre 2011

Muchas veces los padres y en especial las madres,  cuidan  y están pendientes de los demás, pero, se olvidan de ellas mismas o piensan que no tienen tiempo para dedicarse a ello. Debemos recordar que es muy difícil ser una madre efectiva si no nos damos tiempo para nosotras.

El autocuidado es más que un simple deber, es esencial, sobretodo si tenemos la tarea de cuidar niños. Cuidar a nuestros hijos requiere de una gran dosis de tiempo y energía. Por ello, hay que recordar que funcionamos mejor (en nuestra vida personal y como madres) cuando nos sentimos mejor. Para ser madres sanas y eficaces, primero tenemos que ser seres humanos sanos y eficaces. Cuidarnos a nosotras mismas es uno de los trabajos más importantes que uno tiene.

Parte importante del autocuidado requiere desarrollar una autoestima adecuada, la que nos permita generar niveles de fortalecimiento que favorezcan el sentido de control personal y puedan desarrollar habilidades para cambiar las propias condiciones personales y sociales, en lugar de tener un rol pasivo.

Todas las personas tienen autoestima, pero no todas las personas tienen un autoestima sana. Una autoestima sana no quiere decir que siempre nos sintamos “lo máximo”. Una sana autoestima puede medirse por la habilidad para enfrentar los altibajos de la vida. Sentirse triste o deprimido es parte normal de la vida, mantenerse permanente en ese estado es un indicador de que la autoestima no es sana.

Para lograr una sana autoestima,  a veces tenemos que hacer algunos cambios que nos ayuden a desarrollar una actitud más valiente y creativa. Ello requiere, entender que siempre vamos a tener la oportunidad de convertir las experiencias negativas en positivas.

Por otro lado, es también importante reconocer que vamos a poder cumplir mejor nuestro rol como madres, cuando nos sentimos bien. ¿No les ha pasado que muchas veces se sien

ten estresadas, cansadas y frustradas? ¿No sienten que a veces son como una bomba de tiempo a punto de explotar? Y qué cualquier situación, por pequeña que sea, ¿Es muchas veces la que nos hace explotar?

Cada uno de nosotros requiere un positivo tiempo fuera, un momento para relajarnos y recargar energía y el tomarnos este tiempo para cuidarnos, no tiene porque hacernos sentir culpables; es fundamental tener un tiempo especial para uno mismo, así sea simplemente para divertirse.

Para hacerlo, podemos empezar por reservar un tiempo cada semana para nuestras propias actividades y aprender así a tratarnos a nosotras mismas como una prioridad. Cuando lo hagamos, vamos a descubrir que tenemos más energía para asumir las responsabilidades del día a día. Otorgarnos la libertad de hacer algo que nos gusta, nos hará sentir más vivas y alegres.

Debemos recordar también que, no sólo  es importante cuidarnos emocionalmente, sino también  cuidar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, alimentando cada una de estas partes. A nivel físico, debemos poner atención a lo que comemos, si dormimos lo suficiente, si hacemos ejercicio. Mantengamos nuestra mente ocupada, leyendo un libro, escuchando música, tomarnos unas vacaciones o lo que disfrutemos hacer. Y alimentemos nuestro espíritu ayudando a los demás, estando en silencio, haciendo meditación o haciendo aquello que sea significativo para nosotros.

Al inicio puede ser difícil el cambio, pero recordemos que, en la medida en que nosotras estemos bien, es mucho más probable que nuestros hijos también puedan estar bien. Al  postergar nuestras necesidades y el autocuidado por diferentes razones, le estamos dando a nuestros hijos el mensaje que el cuidado personal no es tan importante.

Cuanto más cómodas y tranquilas nos sintamos, mayor será la probabilidad de que tomemos mejores decisiones. Tratarnos bien es un componente esencial de una buena salud en general.

Mariella Vega Swayne
Psicóloga – Psicoterapeuta Familiar
Certified Positive Discipline Parenting Educator

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Fuente: Artículo escrito para la revista Mamagazine para la edición Diciembre 2011.
Se ha preguntado ¿Cómo se va formando la personalidad de nuestros hijos? ¿Los padres podemos influir para moldear su carácter? ¿Qué hace que nuestros hijos tengan diferente temperamento?

Sabemos por experiencia, que no existe en el mundo dos personas iguales, nuestra personalidad, temperamento y carácter difieren de una a otra persona, incluso, en el caso de hermanos que forman parte de una misma familia, que han compartido el mismo techo y han sido criados bajo los mismos parámetros y valores son radicalmente diferentes.  Se ha preguntado por qué.

Estos tres términos, temperamento, carácter y personalidad son confundidos constantemente como si fueran sinónimos, sin embargo el significado es diferente. El temperamento, está vinculado estrechamente a lo biológico, es decir a la carga genética heredada por nuestros padres y condicionará de cierto modo, la forma cómo reaccionamos al ambiente.   El carácter, por otro lado, es el conjunto de hábitos de comportamiento que hemos ido adquiriendo a lo largo de nuestra vida, condicionados por el aprendizaje.  La combinación e intensidad de estos dos elementos forman nuestra personalidad, de allí que cada persona sea única e irrepetible.

Sin embargo, a pesar de la importancia que se le da a la carga genética en el comportamiento, el tipo de relaciones que un niño establezca en su entorno, será crucial en el desarrollo de su personalidad.  Esto quiere decir que su comportamiento está condicionado por el ambiente y que este pueda satisfacer sus necesidades primarias de pertenencia y seguridad.

En decir, los factores genéticos son importantes, pero no determinantes. Si bien, a pesar de los avances de la ciencia, hasta la fecha no podemos “elegir” el tipo de temperamento que quisiéramos que tenga nuestro hijo, sin embargo, sí podemos influir en su carácter ¿Cómo? pues realizando cambios en nosotros mismos y creando un ambiente saludable para que nuestro hijo pueda desarrollar al máximo sus potencialidades y pueda desarrollar una personalidad sana y estable.

Para ello, la clave está en el tipo de crianza que le brinde a su hijo, basada en el respeto mutuo, en la igualdad de trato y desarrollando un sentido de pertenencia e importancia, para lograrlo le recomendamos:

  • Establece una relación cordial con sus hijos, donde puedan experimentar emociones positivas de manera mutua.
  • Trata tus hijos con dignidad y respeto. Sólo así se sentirán y se comportarán mejor.
  • Escúchalos. Tus hijos aprenderán cómo escuchar con empatía, poniéndose en los zapatos del otro, si es que le brindas el modelo adecuado para saber cómo hacerlo.
  • En vez de dar órdenes, haz preguntas que inviten a la reflexión ¿Qué piensas respecto a? ¿Cómo vas a solucionarlo? Etc.
  • Evita etiquetarlos. La conducta no define la personalidad de tu hijo, por lo tanto NO ES “desobediente”, “desordenado” “angelito” etc.
  • Dale opciones limitadas, esto les dará la sensación de que no tienen que obedecer todo a rajatabla y están más dispuestos a colaborar.
  • Si quieres que tu hijo tenga una personalidad controlada, practica tu misma el autocontrol.
  • Involucra a tus hijos en las soluciones. Esto les dará ese ansiado sentido de pertenencia y los motivará a asumir sus responsabilidades.
  • Enséñales a expresar sus emociones de una manera asertiva sin perjudicar a los demás.
  • No te olvides darles el mensaje de amor a tus hijos. El algunas ocasiones, estamos tan metidos en nuestros problemas que nos olvidamos de recordarles a nuestros hijos cuánto los amamos.
  • Anímalos en lugar de darles recompensas, premio o elogios desmedidos. Animarlos los lleva a la autoconfianza, mientras que los elogios y recompensas los hace dependientes y adictos a la aprobación.
  • Abrázalos
  • Dedícales cantidad de tiempo y tiempo de calidad.
  • Por último, comprende el verdadero significado de la crianza y la disciplina. La disciplina no es sinónimo de castigo, la disciplina es educar, por lo tanto, evita castigar, pensado antes en sus consecuencias a largo plazo: resentimiento, revancha, revendía y retraimiento. Es eso lo que quieres?

En conclusión, las bases adecuadas para el desarrollo de una  personalidad  sana y porque no feliz, no solo depende de la carga genética con la que viene el ser humano, sino también de las personas que lo rodean, la calidad de interacciones y relaciones afectivas que éste establezca en los diferentes contextos donde interactúa, y en el caso de los niños específicamente, también depende del tipo de crianza que practiquen sus padres.

Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator

 

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Fuente: Artículo escrito para la Revista Mamagazine Edición Noviembre 2011
Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator 

…nos partió el corazón, nos deja heladas, reaccionamos… luego, a solas, empezamos a cuestionar nuestra labor como madres “¿qué hice mal?” “¿Por qué me odia?” “¿Cómo puede tratarme así después de todo lo que hago por él?” y lo peor de todo, cuando estamos en medio de nuestro mar de confusiones, cuestionamientos y sufrimiento, nuestro hijo regresa hablando de otro tema, como si nada hubiera pasado. ¿Acaso este chico no tiene corazón?. La respuesta es sencilla, mientras nosotras nos tomamos de manera textual y personal una frase salida en un momento de cólera, nuestros hijos tienen la gran habilidad de sobreponerse rápidamente a este sentimiento.

Cuando nos tomamos las cosas de manera personal y pensamos que nuestros hijos nos están diciendo “te odio” porque realmente nos odian y por lo tanto están en nuestra contra, nos ubicamos en dos bando contrarios y por lo tanto nos defendemos. Entramos en una especie de batalla, perdemos de vista nuestros metas a futuro y nos quedamos entrampados en el problemas tratando de demostrar quién tiene el poder. Sentimientos tales como la frustración, el miedo y la cólera se apoderan de nosotras y reaccionamos con sermones, gritos o castigos que, lejos de mejorar la situación la empeoran.

¿Qué hacer?

Dedicar un tiempo para pesar detenidamente en las cosas que hacemos o decimos para generar esas respuestas. Muchas veces las cosas que hacemos para calmar la situación, hacen que avivemos el conflicto, por eso, cuando sientas que estas muy enojada, procura hablar poco, no resuelvas los problemas en ese momento, por el contrario, posterga las consecuencias; frases como “más tarde hablaremos al respecto” ó “veo que estás enojado, cuando te sientas mejor hablamos”  ayudan mucho.

Demostrar a nuestros hijos que estamos de su lado. Esto lo hacemos cuando les enseñamos que tener cólera es un sentimiento normal, válido y aceptable, pero la forma cómo expresamos esa cólera marca la diferencia. Los niños aprenderán a que lo que sienten es natural, pero  hay límites para expresarlo.

Enseñarles lo que en disciplina positiva llamamos un positivo tiempo fuera. El cual está basado en la idea de que las personas funcionamos mejor cuando estamos calmados y se nos trata con dignidad y respeto. Y parte del respeto es también aceptar sentimientos tales como la cólera y dar el tiempo suficiente para volver a la calma y poder enfrentar el problema de manera respetuosa para todos.

Darnos y darles la oportunidad para pensar, recuperarse del error y disculparse, pero por propia voluntad y de manera sincera y no porque se lo pedimos u obligamos. En ese momento, les podemos decir que entendemos su enojo, pero lo que nos dijo nos lastima. Nos sorprenderemos con sus respuestas!

No nos quedemos en la conducta solamente, busquemos cuál es la “mensaje” detrás de este TE ODIO, tal vez nos están diciendo que en este momento quieren estar solos o que se sienten frustrados porque las cosas no le salen como les gusta.  Recuerda, no es contigo, es con lo que sienten por la situación.

Mostrar amor incondicional, los chicos necesitan saber que a pesar de cualquiera cosa que ellos hagan o digan, nuestro cariño hacia ellos no está en juego. Pero si gastamos tiempo con sermones y castigos, creen ustedes que ellos sentirán que estamos de su lado? Mejor nos enfocamos en enseñarles habilidades para la vida, buscando cercanía y compresión.

Recuerda que “antes de buscar la razón, hay que encontrar al corazón”. Cuando desarrollamos la conexión con nuestros hijos, antes que la corrección, ejercemos una gran influencia sobre ellos.

Escrito por: Ps. Gina Graham Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator

 

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Fuente: Artículo escrito para la revista Mamagazine, edición Nov. 2011

Estoy a un mes de dar a luz y me pongo a temblar cuando pienso en la lactancia.!!!!!!
Muchas veces creemos que esta es una situación poco frecuente, pero estos temores son más frecuentes de lo que imaginamos.

La mayoría de los profesionales de la salud coinciden en que la lactancia materna proporciona innumerables ventajas para la salud, el crecimiento y el desarrollo de los niños. A nivel psicológico la lactancia permite ese primer contacto piel a piel; en este encuentro entre los dos, es donde cómo mamá le das a tu bebé afecto y sostén emocional. Es un encuentro único con tu bebé, donde ambos se nutren de miradas y de contactos.

Sin embargo, el tema de la lactancia genera en algunas mamás una serie de temores y miedos. El primer miedo que muchas veces surge es “el miedo a no poder”, creer que no vas a ser capaz de darle el pecho tu bebé y qué es muy difícil hacerlo. Frente a ello, es fundamental que como mamá busques información y te capacites tanto a nivel teórico como práctico para poder hacerlo bien y así vencer el miedo. Es importante que reconozcas que si bien la lactancia es una condición natural, es necesario que tengas las herramientas para que puedas aprender a hacerlo, debiendo empezar por aprender cómo colocar al bebé, en qué posición te debes colocar o cómo adaptar la boca al pecho, así en la medida en que tengas mayor información te sentirá más segura durante el periodo de la lactancia.

Otro temor frecuente es el temor al “fracaso”, asociado con el hecho de que la lactancia sea insuficiente, es decir,  miedo a que el bebé no gane peso. Sobre ello,

es fundamental recordar que alimentar al bebé con la leche materna tiene muchos beneficios para este, ya que la leche materna es rica en alimentos nutritivos. Además, la lecha materna actúa como un efectivo protector de la salud del bebé y vacuna natural debido a su alto contenido de inmunoglobulina que permite fortalecer el sistema de defensas en los lactantes, protegiéndolo de las infecciones como la diarrea, la neumonía, otitis, así como reduciendo el riesgo de las alergias y la malnutrición. Así que, debes sentirte segura que tu bebe está recibiendo la alimentación que requiere.

Y el último temor, pero no por ello el menos frecuente es el “miedo al dolor”. Sobre ello, es fundamental que  como mamá sepas que es un mito pensar que la lactancia produce dolor. Si bien es normal que durante los primeros días de la lactancia hay mayor sensibilidad en los pezones, esta es una situación temporal que dura sólo unos días y no debería ser tan mala como para que no desees amamantar a tu bebé. Recuerda que cualquier dolor que sea más que leve no es normal y por lo general se debe a que el bebé no está colocado al seno adecuadamente. Sin embargo, si el dolor persiste es fundamental que acudas donde el especialista para que te brinde mayor información de lo que viene sucediendo.

Ahora, si observas tus temores te darás cuenta que con la información apropiada puedes empezar a enfrentar los mismos. Cómo mamá es fundamental que estés tranquila y relajada, que no te angusties por tratar de ser “la mamá perfecta”, ya que esta no existe, recuerda que estás aprendiendo a ser mamá y cada día vas a lograr ser una “mejor mamá”  y hacer todo de la manera correcta. Seguramente si mantienes la calma y estás empeñada en dar  de lactar a tu bebé vas a conseguirlo. Solo tienes que ser positiva, tener confianza en ti misma y no obsesionarte con el tema. Además recuerda que es bueno tener a  la mano información y recursos por si empiezas a percibir que se torna difícil la situación.

Es fundamental que no afrontes la lactancia con expectativa de fracaso,  porque entonces hay más probabilidades de que no lo logres, ya que ello lo único que hace es incrementar tus temores.

Seguramente vas a llegar a este momento informada y preparada tanto física como emocionalmente; para que, luego lo primero que hagas es ver a tu bebé y dejar el pecho a su disposición. Confía en que la naturaleza es sabia y muchas veces sólo es cuestión de poner a un lado tus temores y dejar que afloren tus instintos. Finalmente recuerda que, la lactancia es un momento que ambos, tanto tú como tu bebé, van a poder disfrutar plenamente.

Mariella Vega Swayne
Psicóloga – Psicoterapeuta Familiar
Certified Positive Discipline Parenting Educator
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Comparto, esta entrevista que me hicieron el pasado domingo 02 de octubre del 2011 en el diario El Comercio, para el suplemento dominical Mi Hogar (el artículo ha sido copiado textualmente de la fuente)

PSICOLOGÍA: TERAPIAS DE ATENCIÓN Y CONCENTRACIÓN

¿Cómo traerlos de la luna?

“Siempre está en la luna”. “Se olvida de sus cosas”. Estas son frases que escuchamos de los padres todo el tiempo, pero ¿hasta qué punto este tipo de comportamiento debe ser corregido con un asesoramiento especializado? ¿Requiere mi hijo de lo que se conoce como terapia de concentración y atención?

DESDE EL COLEGIO
Según la psicóloga y psicoterapeuta Gina Graham, es necesario que el colegio recomiende realizar una evaluación, ya que no se puede determinar un problema de trastorno de atención antes de los seis años porque cuando los niños son muy pequeños presentan conductas similares y el foco de atención es muy corto.

Asimismo, advierte que la desatención se debe dar en dos contextos: en casa y en la escuela. “En la etapa escolar, recién es posible detectar si un niño presenta problemas de atención y concentración, porque comienzan a presentar dificultades en el aprendizaje, ya que no captan las instrucciones”.

El trastorno de déficit de atención tiene tres áreas principales: atención, impulsividad e hiperactividad. No todos los niños presentan estas tres. La terapia está en función del tipo de déficit que presenta, y el diagnóstico lo realizan el neurólogo y el psicólogo, ya que es crucial enfocar las terapias en las fortalezas para tener un punto de partida para trabajar las diferentes áreas.

Las pautas conductuales y psicopedagógicas deben ser seguidas por padres y maestros.

TAMBIÉN EN LA CASA
Los niños avanzan más rápido cuando los papás se involucran activamente en el proceso y trabajan en casa con ellos. Para la psicóloga Graham, existen pautas básicas de crianza que se deben seguir en el hogar y el tema de rutinas es esencial.

Advierte que hay que hacerles preguntas que inviten a la reflexión; por ejemplo, en vez de decirles “haz la tarea”, se puede optar por preguntas reflexivas como “¿qué es lo que necesitas para empezar la tarea?”; de este modo, el niño se organiza. También considera importante darle responsabilidades al niño en la casa. “La disciplina y las normas en el hogar son elementales, así como ponerles límites claros, pero con cariño”, agrega.

Durante la terapia, se trabaja la reflexión. No se trata de hacerles solo ejercicios, sino estudiar el tema de cómo manejan y procesan la información. Para el psicólogo Arturo Ruiz, el tratamiento debe estar dirigido a fortalecer la autoestima del niño y los procesos de autorregulación, así como incrementar el aprendizaje escolar y aprender a manejarse por sí mismos. Esto se realiza, según el especialista, a través del aprendizaje para resolver problemas, autoinstrucciones para focalizar y sostener la atención, y desarrollo de pensamientos positivos en el logro de objetivos. Añade, además, que cualquier problema de la vida cotidiana puede emplearse para desarrollar y enfocar la atención. “Por ejemplo, frente a la dificultad de cómo organizar el tiempo, se le enseña y guía al niño a encontrar la solución. Esto ayuda a seleccionar y focalizar la mejor solución. Encontrar una respuesta por sí solo mejora la autoestima”.

Fuente: http://elcomercio.pe/impresa/notas/como-traerlos-luna/20111002/1311342

 

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En los tiempos en que jugar al mundo y ver la TV en las tardes era algo común, madres y padres tenían relativamente claras sus “estrategias” para criar a sus hijos. Quiénes tenemos hijos el día de hoy “sufríamos” en ese entonces el castigo de no ver la TV si no nos portábamos bien. Hoy el reto se multiplica, ya que no solo tenemos la televisión en 3D, sino los móviles, los iPods, los tablets, la wii, el x-box y otros dispositivos digitales con internet incluida.

Es decir, actualmente nuestros hijos disponen de una variedad de dispositivos de “entretenimiento” en los que continuamente consumen información y hasta la crean. Ahora la clásica frase de mamá “no le abras las puertas a extraños” la tendríamos que aplicar a todos los dispositivos que usen nuestros pequeños nativos digitales. Entonces hemos empezado a decir: no aceptes a nadie que no conozcas en Facebook,  no des tu contraseña a nadie, ya jugaste bastante con la wii, deja de descargar música que y si bajas un virus?, esto de decir donde estas es muy peligroso, porque te siguen en Twitter, no que estabas en Facebook? Que eso de Google+?.

Claro nuestros hijos no entienden como no entendemos algo tan simple!. Y es que realmente es simple lo que pasa es que como inmigrantes digitales el proceso de adaptarse a estos nuevos dispositivos no es natural como lo es para ellos. Necesitamos tiempo pero las cosas van tan rápido que no hemos podido tener tiempo digerir el todo. Encima cuando uno comienza agarrarle el gusto a algo ya te sale con algo nuevo. Lo peor, tu hijo ya se entero, ya lo usa y te sigue mirando raro porque sigues sin entender entonces se apiada de ti y te enseña pero no mucho para que no empieces con el sermón.

Los padres y madres digitales no la tenemos fácil, sobre todo a la hora de querer compartir tiempo y poner límites a nuestros hijos. Es equivocado pensar que privando a nuestros hijos de todos estos dispositivos y de la tecnología será más fácil. Al contrario, la educación esta incluyendo poco a poco las nuevas tecnologías porque hay muchos beneficios en su uso, sobre todo para el aprendizaje. Así que no podemos limitarlos con el fin de controlarlos pero si podemos aprender a usar estas nuevas tecnologías para orientarlos. Y la verdad no nos vendría mal estar más actualizados… pero como y en qué tiempo?

Para aquellos padres que estén viviendo esta situación www.aware.pewww.crianzapostiva.org les ofrece un taller para ayudar a los padres a proteger y orientar a sus hijos cuando navegan en internet e interactúan en redes sociales.

En este taller se orientará a los padres para que apliquen una crianza positiva formas en un entorno lleno de distracciones tecnológicas, brindando consejos y conceptos para tener más claro el panorama del mundo en que hoy en día viven nuestros hijos. Y de esta manera ver el mundo digital de sus hijos sin invadir su espacio como individuos.

Quienes estén interesados llamen a Crianza Positiva al 445 5583 o envíen un email a informes@crianzapositiva.org

Fuente: Objetivo Negocio

Artículo escrito por Sally Graham. Ella es Gerente General de Objetivo Negocio, empresa que brinda servicios a empresas peruanas y extranjeras que quieran hacer negocios en Perú. Graduada en Comunicación Audiovisual, especializada en diseño publicitario y con postgrado en Marketing realizado en la Universidad del Pacifico (Lima), se traslada a Londres donde cursa estudios de diseño web e idiomas. Desde 1999 hasta el 2009 ha ocupado puestos de Marketing Manager y Project Manager en Londres, Bolonia y Barcelona trabajando para empresas del sector tecnológico, educativo y de servicios profesionales.

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Seguramente, muchos de nosotros hemos sentido en algún momento de nuestras vidas que necesitamos una “ayudita adicional” para resolver nuestros problemas, en el caso de los padres, tal vez esta sensación se incrementa cuando nos vemos atrapados sin salida en alguna situación… pero cuándo realmente necesitamos ayuda.

Las terapias psicológicas,  ayudan a la persona a lograr un cambio a nivel de pensamiento, sentimiento  y conducta con la ayuda del terapeuta, quien lo acompañará a adquirir y promover la sensación de auto-confianza, a ser más conscientes de sus creencias erróneas y enseñarle a aceptar realidades que no puede cambiar.

En la terapia familiar específicamente, se busca entrar en coparticipación con la familia, es decir ingresar en el sistema familiar, ver cómo interaccionan y cómo esto estructura la familia. El terapeuta actúa como un “gatillador” del cambio mediante la coparticipación, manteniendo las reglas del sistema familiar e interviniendo dentro de los límites que la familia proponga para producir cambios.

Ahora no significa que al primer problema, vamos a acudir a terapia. Hay que tener claro que no siempre son necesarias las terapias familiares, ya que muchas de las dificultades familiares, sobretodo la referida a los hijos, son generadas a partir de un estilo de crianza inadecuado que se pueden solucionar cambiando, justamente, la manera cómo los padres afrontar sus roles dentro de la familia.  En este caso específico, las habilidades parentales pueden adquirirlas en talleres para padres, dirigidos por profesionales y que son específicos y de corta duración.

También es importante señalar que toda familia, dentro de su ciclo, experimenta un periodo de crisis, que puede ser dada por causas internas o externas a la familia y puede durar un corto o largo tiempo. En estas situaciones, cuando experimentamos la sensación de de pérdida de control de la situación y que esto está deteriorando las relaciones al interior del sistema, sería mucho mejor, acudir a un profesional para que nos asesore en la búsqueda de soluciones.

¿Qué tipos de problemas pueden abordarse?

Los problemas que se pueden abordar en la terapia familiar son múltiples, tales como: ansiedad, depresión, adicciones, trastornos alimenticios, problemas de pareja, dificultades con los hijos (crianza, escolaridad, conducta, emocionales, etc.), cambios inesperados (duelo, enfermedades,  etc.), cambios en el ciclo vital de la familia (nacimiento, adolescencia, etc.) reestructuración familiar (adopción, casamiento de alguno de los padres, divorcio), entre otros. Este tipo de terapia nos permite dar una mirada integral al problema y validar los diferentes puntos de vista de los involucrados, en un ambiente que les genere seguridad y contención, con la esperanza de que existe una solución.

Beneficios:

Muchas veces se acude a terapia familiar porque hay un “paciente identificado” sin embargo, al ver a la familia en su totalidad, ella misma puede observar cómo la conducta de los demás miembros está afectando y manteniendo el “síntoma” del paciente. Por ejemplo, un niño que no se independiza en las tareas, puede ser debido a que alguno de los padres, constantemente lo asiste y facilita las cosas, dándole mensajes encubiertos de que “él necesita a sus padres para realizar las tareas”. Además, el terapeuta puede observar las jerarquías, alianzas y disfunciones de la familia y por lo tanto puede decidir en qué puntos se debe intervenir más.

¿Talleres de padres en vez de terapias?

En algunos casos, en especial para los temas relacionados con la crianza,  la familia puede recibir ayuda a través de talleres para padres. Esta alternativa ayuda a los padres  darse una mirada a sí mismos a través de un proceso de sensibilización y les da la posibilidad de generar cambios iniciales en la dinámica que los motivará a iniciar el proceso terapéutico, en caso sea necesario.

Es importante recalcar que los talleres de padres se muestran como una alternativa más cuando en la familia se dan dificultades en la crianza de los hijos. No apuntan a resolver dificultades serias dentro del grupo familiar, ya que para ellas, como bien señalamos anteriormente es necesario un proceso terapéutico.

El taller de padres está orientado que estos puedan adquirir una serie de herramientas para la crianza de sus hijos o para orientarnos en temas específicos (grupos de apoyo para niños con necesidades especiales, niños con TDAH, etc.).

En el caso específico de los talleres de padres desde el enfoque de la disciplina positiva, se brinda a los padres herramientas que enseñan  a educar personas responsables, respetuosas y capaces de solucionar problemas. Propone una educación sin gritos, ni golpes, ni castigos, pero tampoco permisiva; sino que más bien combina la firmeza y el afecto al mismo tiempo.

Por último, la mejor herramienta dentro de la familia para resolver problemas es una COMUNICACIÓN sincera y fluida entre sus miembros, basada en el respeto mutuo y el interés genuino por el otro.

 

Ps. Gina Graham                                                       Ps. Mariella Vega
Psicóloga Infantil                                                       Terapeuta Familiar

 

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¡Aquí quien manda soy yo!

¡Te he dicho que lo hagas!

¡Obedece!!

¡Vete a la cama ahora mismo!

¡Silencio!

¡Hazlo ahora!

 

Para que exista un lucha de poder necesitamos dos personas como mínimo y definitivamente estas frases invitan a  nuestros hijos a que se origine una.

Cuántas veces, con el fin que nuestros hijos obedezcan, o por miedo a perder la autoridad frente a ellos  hemos caído en esta lucha.  Cuando ocurre , tanto los hijos como los padres tienen la “sensación”  de estar realizando un esfuerzo inútil, sienten que está perdiendo el control (de hecho lo están haciendo)  pero cada uno se niega a abandonar “la lucha” porque no quiere perder, pero el resultado es que de algún modo, ninguno TIENE LA VICTORIA, perdemos la paciencia, luego nos sentimos culpables y terminamos castigando y ya sabemos cuál es la consecuencia del castigo en nuestros hijos.

 

COMO EVITAR LAS LUCHAS DE PODER

No controlar nuestras emociones, palabras hirientes y castigos como solución dan cabida a las luchas de poder con nuestros hijos.

El comportamiento de los niños está dirigido a metas, pero el camino que toman no necesariamente es el más correcto, en este sentido, cuando entremos en una lucha de poder, busquemos la meta de nuestros hijos y tratemos de enseñarles un camino más adecuado donde ambas partes salgan ganando.  Para evitarlas, podríamos intentar:

  1. En vez de dar órdenes, haz preguntas que inviten a la reflexión, Jane Nelsen llama a esto “preguntas curiosas”  (¿qué piensas respecto a…,? ¿qué sientes…?, ¿que has decidido…?). Entonces, en vez de decir, ordena tu cuarto, tal vez podríamos decir, qué puedes hacer para que tu cuarto se vea limpio y ordenado?
  2. Habla menos y actúa más. Acércate a tu hijo y muéstrale lo que tiene que hacer, en vez de decir “1000 veces los mismo” desde lejos, esperando que “obedezca” rápidamente.
  3. Crea rutinas y luego recuérdale qué es lo que habían acordado. Ejem. Tu hijo se levanta de la mesa al terminar de comer y va directo a jugar, entonces le podemos recordar “¿qué es lo que tenemos que hacer después de cenar?”
  4. Jane Nelsen nos recomienda tener un POSITIVO TIEMPO FUERA para calmarnos y actuar pensando en lo que vamos a hacer y decir, evitando las luchas de poder.
  5. Dale opciones limitadas, esto les dará la sensación de que no tienen que obedecer todo a rajatabla y que tienen la opción de elegir.
  6. Practica el autocontrol. Cuando entramos en la lucha de poder queremos CONTROLAR todo, pero cuanto más controladores queremos ser, más DESCONTROLADOS nos volvemos. A la primera persona que tenemos que controlar es a nosotros mismos.
  7. Usa el humor. A veces es la mejor solución en momentos de crisis y sirve además para detener la lucha de poder.
  8. Ponerse de acuerdo. Ambos padres tienen que manejar el mismo estilo de crianza para no crear confusión en los hijos que inviten a buscar “al más bueno” . Recuerda que tanto el estilo permisivo como el autoritario invita a la lucha de poder, opte por una disciplina positiva.
  9. Involucra a tus hijos en la solución de problemas. Esto hace que los chicos tengan un sentido de pertenencia, estén motivados a asumir sus responsabilidades y estén menos propensos a desobedecer.
  10. Se consistente y congruente con lo que DICES y HACES.
  11. Expresa lo que sientes dando mensajes YO, evitando culpabilizar al otro por lo que pasa en ti internamente “Estoy súper cansada, colaboren con esto para poder descansar descansar¨, esto suena mejor y se acepta mejor  en vez de “Me están haciendo enojar, obedezcan de una vez, o si no…”
  12. Se FIRME Y AMABLE al mismo tiempo. Que tu expresión y tono de voz indiquen el respeto por tu hijo.  Un niño que se trata de forma respetuosa es más colaborador.
  13. No te olvides de DAR SIEMPRE TU MENSAJE DE AMOR. A veces estamos tan metidos en la lucha de poder que nos olvidamos de recordar a nuestros hijos cuánto los amamos.
  14. En vez de buscar culpables ENFOCATE EN LAS SOLUCIONES.

 

la Disciplina Positiva nos enseña que las luchas de poder “crean distancia y hostilidad en lugar de cercanía y confianza. La distancia y la hostilidad crean resentimiento, resistencia y rebeldía (conformismo con baja autoestima). En cambio La cercanía y la confianza crean un ambiente seguro y de confianza donde no hay temor, ni culpa, vergüenza o dolor”

 

Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator

 

“Nunca he visto a un niño con aires de poder sin un adulto con aires de poder cerca de él”

Jane Nelsen

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